En el año 2003, un niño de ocho años y su abuelo encontraron un pez con una morfología muy singular mientras pescaban en un lago del sur de Carolina. El pez que acababan de capturar poseía unas características faciales similares a las de un humano.
Dos años después volvería a capturarse otro ejemplar, esta vez en una ciudad al sur de Seúl. Surge entonces la pregunta: ¿Estamos ante el hallazgo de una nueva especie piscícola aún no identificada o se trata más bien a un capricho de la naturaleza causado por una deformación genética? Continúa leyendo aquí.





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