martes, 26 de octubre de 2010

Historia del desfibrilador

Después de ver las impactantes imágenes del jugador de fútbol de la U.D. Salamanca que cayó desplomado mientras disputaba un partido y que salvó la vida gracias a la rápida actuación médica junto a la disponibilidad en el mismo estadio de un desfibrilador, hemos recabado la información sobre la historia de este valioso aparato que tantas vidas ha salvado ya.

En 1933 se realizaron varios estudios, financiados por la industria eléctrica que estaba interesada en patrocinar estos estudios puesto que sus trabajadores se exponían a gran riesgo de muerte por descarga eléctrica de alto voltaje publicándose un informe de desfibrilación interna exitosa aplicando corriente alterna a un animal. El primer reporte de una desfibrilación exitosa en un humano lo realizó Claude Beck en 1947, aplicando directamente 60 Hertz de corriente alterna en el corazón de un paciente a quien se le estaba practicando una cirugía. Se realizaron múltiples estudios en animales en la década de los 50, aplicando desfibrilación mediante electrodos puestos en la pared torácica. En 1956 por primera vez se desfibriló a un ser humano de la misma manera.

A partir de los datos recabados en años anteriores se descubrieron que los desfibriladores de corriente continua o desfibriladores de impulso, eran más efectivos y producían menos efectos secundarios que los desfibriladores de corriente alterna. En años sucesivos se reportaron un aumento en el número de pacientes que sobrevivieron a paros cardíacos, mediante el uso de una unidad móvil de cuidado coronario equipada con un desfibrilador de alimentación por batería. Hacia 1970 fueron diseñados instrumentos experimentales internos y externos para detectar la fibrilación ventricular automáticamente.

El primer desfibrilador interno automático se implantó en un ser humano en febrero de 1980. En ese mismo año Eisenberg y Copass publicaron un aumento en la tasa de supervivencia de pacientes con paros cardíacos desfibrilados por Técnicos Médicos de Urgencias especialmente capacitados, comparada con la de pacientes que recibieron el tratamiento usual y rutinario, que incluía RCP y transporte al hospital.

Las máximas tasas de reanimación por desfibrilación se han obtenido cuando el paro ha sido presenciado y/o la desfibrilación se realiza en el término de minutos. Gracias a los DEA se han venido implementando progresos en la transición de ondas monofásicas a bifásicas, que los hace más livianos, más pequeños y especialmente más seguros y efectivos. Uno de los inventos que más vidas han salvado en el siglo XX.

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