lunes, 9 de abril de 2012

Astenia primaveral


Falta de energía, somnolencia y apatía, son algunos de los síntomas más usuales de quien sufre de astenia primaveral.

Sin embargo, no existe razón para alarmarse ya que se trata de un efecto propio de la primavera, una estación que suele provocar en muchas personas un estado de cansancio prolongado y en ocasiones irritabilidad.

Según los especialistas este fenómeno se produce por el aumento de la temperatura ambiente y también por el incremento de horas de luz que pueden producir en algunas personas una alteración física y anímica.

Definida como un estado de decaimiento y falta de fuerza se caracteriza por la sensación de cansancio fatiga física y psíquica, sumándose a estos síntomas un bajo tono vital y una constante apatía.

La mayoría de las personas que sufren de astenia primaveral tienen una notable dificultad para concentrarse además de trastornos de memoria y sueño perdiendo también el apetito.

En la mayor parte de los casos se trata de un problema pasajero y que en realidad no responde a un motivo concreto y se cree que puede también ser una respuesta del mismo organismo a un estado de estrés o sobreesfuerzo físico o intelectual.

La mejor manera de tratar la astenia primaveral es a través de la implementación de una dieta equilibrada y también variada, aumentando la ingesta de cereales, frutas, verduras y legumbres que equivale a aumentar el consumo de hidratos de carbono reduciendo las grasas.

Se aconseja también el consumo diario de productos integrales que son ricos en fibra y vitaminas del grupo B, además de pescados azules por su aporte de Omega 3, combinando la alimentación con la ingestión de prebióticos que ayudan a reforzar el sistema inmunológico.

Asimismo, es esencial evitar los azúcares rápidos que se encuentran en alimentos como bollos y pasteles, grasas saturadas y aquellas comidas con salsas o muy elaboradas.

Dormir como mínimo ocho horas y siempre hacer cenas livianas aguardando dos horas luego de cenar antes de acostarse, como una forma de evitar que la digestión interfiera con un buen descanso.

Por último, realizar actividad física pero moderada no sobrepasando la media hora de ejercicio físico diario que ayuda a la liberación de endorfinas.

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