viernes, 25 de mayo de 2012

Dieta cronobiológica, comer sin subir de peso

A pesar que muchos pensarán que es imposible comer bien y no subir de peso, a través de la dieta cronobiológica podrán aprender como hacerlo ingiriendo nutrientes que el organismo necesita en cada momento del día. 

En realidad cuando se habla de cronobiología no es ciertamente una dieta más para adelgazar sino que se trata de determinados hábitos alimenticios y ritmos que dirigen la mayor parte de la actividad de nuestro organismo. Esta disciplina, relativamente nueva, dentro de la fisiología estudia los ritmos biológicos en todos los seres vivos y a través de ese estudio pueden conocerse las oscilaciones del “reloj biológico”.

Así, nuestro reloj interno tiene diferentes ciclos que se ocupan de regir tanto aspectos físicos, emocionales como intelectuales y por ello el aprender a comprenderlo es de suma ayuda para diseñar una dieta basada en esta teoría y así lograr perder peso o mantenerse en forma comiendo saludablemente sin sumar kilos a la figura. 

Según la cronobiología, nuestro organismo sigue determinadas pautas, que se van repitiendo cada 24 horas, ya que el cerebro se encuentra organizado de una forma especial y todos los procesos que mantienen vivo el cuerpo y también ayudan a su regeneración tienen lugar a lo largo del día y de la noche. 

De forma práctica podríamos afirmar que las órdenes que se dan al cerebro para liberar determinadas hormonas que son necesarias para cumplir diferentes funciones ya poseen un momento establecido con anterioridad y por ello es importante adaptar nuestro hábitos alimenticios a esos momentos para mantenerse en forma. 



Por esa razón nuestra ingesta diaria de elementos siempre deberá estar en coincidencia con las horas del día en las que nuestro cuerpo consume mayor cantidad de energía, una forma de evitar que se acumulen calorías que se traducirán en kilos de más. Para utilizar este método de la dieta cronobiológica será necesario entonces saber qué debemos comer y como debemos hacerlo en cada momento del día. 

Esto no es tan complicado de lograr sobre todo si tenemos en cuenta que nuestros ciclos como el de los demás seres vivos están condicionados a los ciclos de luz y oscuridad sin importar si nos despertamos a las diez de la mañana, ya que nuestro cuerpo lo ha hecho varias horas antes, entrando luego en el llamado estado de vigilancia, siendo por esa razón tan importante el desayuno de cada día. 

Luego,  el organismo comenzará a prepararse para comer y a medida que el día avanza comenzará a dar signos de cansancio. 

La llegada de la noche anuncia el estado de alerta donde nuestro cuerpo se relaja casi totalmente y si tenemos en cuenta ese reloj interno también será necesario comer algo, pero mucho más liviano ya que comenzará en breve las horas de descanso. 

Por lo dicho,  durante el desayuno y el almuerzo consumiremos pan, mantequilla, quesos, y además de frutos secos y cereales. 

Al  mediodía el organismo necesitará más azúcar porque es el momento en que aparece el bajón de insulina y un almuerzo adecuado será entonces rico en proteínas (carne, pescado) verduras crudas o cocidas, cereales y el azúcar de las frutas. 

Durante la merienda el aporte será de azúcares y ácidos grasos poli-insaturados, siendo ideal comer fruta fresca, nueces, avellanas, almendras y hasta un pequeño trozo de chocolate puro. 

Al finalizar el día, cuando el cuerpo produce menos sustancias digestivas y esa es la razón por la cual la comida debe ser muy ligera, pero conteniendo con proteínas, verduras, crudas o cocidas y, si se desea algún lácteo. 

En definitiva son los ritmos diarios aquellos que nos indicarán cuándo ha llegado el momento de comer y si logramos estar pendientes de ellos y sus variaciones obtendremos una dieta adecuada con todos los nutrientes necesarios

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